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El cirujeo del Derecho

Por Federico Pérez (*).

El cirujeo del Derecho

La verdadera lluvia de invenciones, desencadenada por la nota “aclaratoria” del abogado Pablo Gabriel Omar, secretario del Juzgado Civil y Comercial de la ciudad de Joaquín V. González, aún genera estupefacción por la manera enclenque con la que intenta desembarazarse de la maraña armada en torno a una simple operación de locación de un inmueble.

Una situación en la que, de no haber tenido de por medio al mencionado abogado, quien alternativamente se presenta como “funcionario judicial”, “doctor” o “pareja de Romina Sansó”, probablemente se hubiese pactado con quien esto escribe, sin inconveniente alguno y de manera amistosa. Como se hacen los negocios, operaciones y la vida en sociedad, en general.

La estupefacción a la que me refiero, no es exclusivamente privativa de esta parte, sino que además abarca a muchos de sus colegas en el ambiente del Derecho. De manera vana, el señor (“doctor”, “funcionario judicial”, “pareja”?) en cuestión pretende involucrar al resto del Poder Judicial en una situación personal, creada por él mismo y de la cual hoy, extrañamente, pretende desentenderse.

Una intención capaz de ser refutada hasta por un escolar de la primaria, ya que en entrevistas con varios medios de comunicación de Joaquín V. González, quien esto rubrica, ratifica y pondera, contrastó el caso anterior, con el doctor Salinas (Defensor oficial), quien no tuvo inconveniente alguno en deshacer un acuerdo de locación en la misma vivienda de avenida Güemes 445. Cabe resaltar esta comparación entre Salinas y Omar, como ejemplos exactamente opuestos de conducta elegida por dos integrantes del mismo Poder Judicial, y que el segundo de los mencionados intenta invocar en apoyo corporativista, como si se tratase de una doncella acechada por un dragón en la torre de un castillo medieval.

Igualmente, resulta asombroso que el señor Omar ahora intente “valientemente” despegarse de la señorita Romina Soledad Sansó con el único objetivo de eludir la condición de “okupa”, respecto al domicilio de avenida Güemes 445.  Incluso, por la condición de gravidez que la señorita Sansó afronta en Soledad. Acaso, también, el señor Omar ensaya algún escape de tal condición de paternidad? Si tal pretensión es consentida, pues, no asombraría únicamente a quien esto redacta, sino al resto de la sociedad argentina. 

Por último, en un párrafo, altamente llamativo tanto para esta cuestión como para los controles de jurisdiccionalidad, Pablo Omar, con impostación bolivariana y el dedo índice en alto, afirma: “Romina Sansó a quien asistí desde mi conocimiento de derecho, por ende, desde el ámbito privado”. Sin embargo, alguien con efectivo conocimiento de las leyes debería recordarle la renuncia expresa que todo hombre o mujer de la abogacía realiza como condición previa a su ingreso al Poder Judicial. Un Poder Judicial que todavía alberga al señor Pablo Omar, con una más que excesiva hospitalidad, pese a la situación vergonzosa en la que él mismo se colocó.

(*) Periodista. Diario Punto Uno, sección Política & Economía; portal de noticias Salta informa.


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